A veces sentimos que un look funciona sin entender muy bien por qué… y otras veces, aunque llevemos una prenda preciosa, notamos que “algo no encaja”. Muchas veces la diferencia está en algo tan simple (y tan poderoso) como el color.
No necesitas ser experta ni saberte todos los tonos del círculo cromático. Con algunas pautas básicas puedes descubrir qué colores iluminan tu rostro, cuáles te restan luz y cómo usar esta información para crear looks que realmente te favorezcan. Y hoy quiero contártelo de una forma sencilla y aplicable para tu día a día.
La colorimetría consiste en observar qué colores iluminan tu rostro y cuáles te apagan. Los tonos que te favorecen hacen que tu piel se vea más luminosa y tu mirada más despierta; los que no, aumentan ojeras y apagan el rostro. La forma más sencilla de empezar es distinguir si armonizas mejor con colores cálidos (beige, camel, verdes oliva, dorado…) o fríos (azules, blancos puros, rosas fríos, plateado).
Si un color que te encanta no te favorece, puedes usarlo lejos de la cara, y reservar los tonos que sí te iluminan para la parte superior. También es útil identificar tu “color comodín”, ese que siempre te favorece, y combinar colores que te apaguen con otros que equilibren. En resumen: no hay reglas rígidas; se trata de aprender a observarte para elegir los colores que realmente te hacen brillar.
